HOY HABLAN DE PACHECO
EL COMERCIO
Lima, 27 de
agosto de 2005
Medio siglo de la Academia Diplomática
El jueves 18 del presente mes de agosto, se celebró el
primer cincuentenario de la fundación de la
Academia Diplomática del Ministerio de Relaciones
Exteriores.
Para celebrar el cincuentenario de la fundación,
se llevó a cabo una ceremonia en el nuevo local
de la academia, a la que asistieron el rector, embajador
José de la Puente Rabdill, el flamante canciller
de la República, embajador Óscar Maúrtua
de Romaña y el presidente de la Comisión
de Asuntos Exteriores, del Parlamento, doctor Gustavo
Pacheco.
El primero en hacer uso de la palabra fue el rector
de la academia, el embajador José de la Puente
Rabdill, que se formó como diplomático
en ella. Su discurso reveló un vasto conocimiento
de la historia de la academia y las razones por las
cuales se fundó. Además, expuso los principios
esenciales de la diplomacia y de la conducta que debe
caracterizar al diplomático, mostrando un profundo
dominio de la profesión y enfocando sus planteamientos
desde un punto de vista más alto que el meramente
histórico. E hizo justicia al embajador Pedro
Ugarteche, que fue quien más luchó para
que se fundara la Academia Diplomática. Al escucharlo,
surgieron gratos recuerdos, pues uno de los aspectos
más importantes e influyentes de su lucha, fue
una larga serie de artículos que publicó en
el suplemento dominical de El Comercio.
A continuación habló el flamante canciller
de la República, embajador Óscar Maúrtua
de Romaña. Reconoció, como lo hiciera
el rector de la academia, los méritos del embajador
Pedro Ugarteche y, acto seguido, hizo una justa mención
de la figura y la obra de Carlos García Bedoya,
ex ministro de Relaciones Exteriores. Haciendo gala
de una amplia cultura, expuso, luego, la concepción
de la diplomacia, según Roger Felton, director
del programa británico "The Foreign Service",
de Oxford University, respecto de las habilidades funcionales
del diplomático: habilidad en la negociación,
habilidad en observar, analizar e informar, habilidad
en representar, habilidad en la administración
de una misión, habilidad en la comunicación
y en la diplomacia pública, habilidad para entender
otras culturas. Dijo, asimismo, que el diplomático
peruano de nuestro tiempo debe manejar, con soltura,
el utillaje del economista, del politólogo,
del historiador, del jurista, del comunicador social
y del buen administrador. Y, aseveró, por otra
parte, que el diplomático debe hacer buen uso
del lenguaje escrito.
Terminó su discurso rindiendo un cálido
homenaje a la figura ilustre del embajador Igor Velázquez
Rodríguez, cuyo nombre lleva hoy la Academia
Diplomática del Perú. Diciendo, entre
otras cosas, que no encontró mejor forma de
expresar su cariño y aprecio hacia todos nosotros
que a través de la donación del local
de la Academia Diplomática del Perú,
en el que hoy nos encontramos. En tercer lugar, habló con
acierto y corrección, el
presidente de la Comisión
de Relaciones Exteriores del Parlamento, doctor Gustavo
Pacheco.
La ceremonia que, muy sucintamente, acabamos de describir,
ha sido brillante y de gran importancia. Porque en
las actuales circunstancias, debido a la buena política
macroeconómica que ha realizado el Gobierno,
el país ha comenzado a crecer económicamente.
Es imprescindible que siga creciendo. Y es imposible
lograrlo si el Perú no otorga una formación
científica, verdaderamente exigente y profesional
a nuestros futuros diplomáticos. Los diversos
países de América Latina significan para
nosotros una competencia implacable por la conquista
de los mercados internacionales. Debemos hacerle frente
de manera decidida y eficaz. De otra manera, no podremos
levantar
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